Momentos (II)
La vida se construye con momentos. A modo de vigas, van dando forma a esta casa que habitamos. La suerte de días, meses, e incluso una vida entera puede decidirse en un segundo. Decir hola por error a un desconocido en la calle, bajas las escaleras con un calzado inapropiado, pronunciar en voz alta un deseo o callarlo. Nos imagino desplazándonos sobre una superficie ondulada, con sus montañas y sus valles. Unas veces un paso en falso te lleva hasta un mínimo, y a partir de ahí todo camino posible se presenta cuesta arriba. Otras, ya exhausto de escalar, te esfuerzas por dar una última zancada y de pronto encuentras que has llegado a la cima; desde entonces todo se hace más fácil, todo rueda colina abajo, cayendo por su propio peso hasta una llanura más cálida.
La vida puede resumirse en un álbum de instantáneas mentales. De repente se oye un clic y pasas a la siguiente página. El momento en que empieza una vida y el momento en el que acaba. El día en que conoces a tu mejor amigo. La primera vez que te das cuenta de que tus padres han envejecido, que son mortales, que tienen muchas inseguridades y ningún superpoder. El instante en que tomas consciencia de un sentimiento que te andaba rondando. El segundo en que por fin tomas una decisión. El momento en que dejas de callar y gritas, gritas desde lo más profundo del estómago, en lo alto de la montaña más alta, gritas con todas tus fuerzas, al viento, al mundo entero. El preciso momento en que te despierta la sonrisa y te cambia la mirada.
La vida puede resumirse en un álbum de instantáneas mentales. De repente se oye un clic y pasas a la siguiente página. El momento en que empieza una vida y el momento en el que acaba. El día en que conoces a tu mejor amigo. La primera vez que te das cuenta de que tus padres han envejecido, que son mortales, que tienen muchas inseguridades y ningún superpoder. El instante en que tomas consciencia de un sentimiento que te andaba rondando. El segundo en que por fin tomas una decisión. El momento en que dejas de callar y gritas, gritas desde lo más profundo del estómago, en lo alto de la montaña más alta, gritas con todas tus fuerzas, al viento, al mundo entero. El preciso momento en que te despierta la sonrisa y te cambia la mirada.
3 Comentarios:
Niña mía, no todo es una superficie de energía potencial, ¿eh? que te me pierdes... :)
Pues sí: en un segundo puede cambiar tu vida. Yo ya lo he comprobado.
Qué bonito, Eli!
Te veo prontito.
:)
Si, y lo malo es que cuando eres consciente de que la suma de momentos es también un momento... es que ya has vivido demasiado.
Esos gritos que salen de las tripas, curiosamente no suelen ser oídos por nadie, salvo por quien lo necesita. Uno mismo.
Salud!
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